BIENVENID@

"Que los caminos se abran siempre a tu encuentro, que el viento sople siempre a tu espalda, que el sol brille templado sobre tu rostro, que la lluvia caiga suave sobre tus campos. Y que, hasta que volvamos a encontrarnos...Dios te guarde en la palma de su mano". (Bendición Celta)

20 febrero 2007

CHOVE EN SANTIAGO



CHOVE EN SANTIAGO

Chove en Santiago
meu doce amor
camelia branca do ar
brila entebrecida ao sol.

Chove en Santiago
na noite escura.
Herbas de prata e sono
cobren a valeira lúa.

Olla a choiva pola rúa
laio de pedra e cristal.
Olla no vento esvaido
soma e cinza do teu mar.

Soma e cinza do teu mar
Santiago, lonxe do sol;
agoa da mañan anterga
trema no meu corazón.

Letra: FEDERICO GARCIA LORCA.
Música: ALBERTO GAMBINO.

El año 1916 Federico García Lorca visita por vez primera Galicia en viaje de estudios. Posteriormente, estando ya en la Residencia de Estudiantes donde conoce a estudiosos gallegos y descubre a autores de la talla de Rosalía de Castro, Martín Codas o Eduardo Pondal, García Lorca inicia una relación con la tierra gallega. Con su compañía de teatro “La Barraca” regresa en varias ocasiones.
Profundo conocedor de la lírica gallega escribe seis hermosas obras en el libro “Seis poemas gallegos” impreso en diciembre de 1935, poco antes de su asesinato, en la editorial gallega Nós dirigida por el galleguista y alcalde de Santiago Ánxel Casal.
Este poema se titula “Madrigal á cibdá de Santiago” (“Madrigal a la ciudad de Santiago”).
“Curiosamente” escritor y editor fueron fusilados impunemente en las mismas fechas; sus asesinatos se conocieron el mismo día, el 19 de agosto de 1936, a mil kilómetros de distancia; en las afueras de Granada y Santiago respectivamente.

En 1999 el grupo de música Luar na Lubre, uno de los precursores en la recuperación de la música tradicional gallega, y sin duda el mejor grupo musical de todos los tiempos, en el disco “Cabo do mundo” pone melodía al poema de Lorca. La fantástica e inigualable voz de Rosa Cedrón, así como la perfecta fractura musical de la gaita de Bieito Romero, líder del grupo, o el espectacular violín de Eduardo Coma hacen el resto: consiguen convertir ese sencillo poema en algo mágico capaz de transportar mucho más allá del contenido de las palabras y los acordes. Capaz de llevar a Galicia, a Santiago, a la tierra, al centro del alma, a la profundidad de lo que somos y lo que llegaremos a ser…a…“chover en Santiago”.

Independientemente de los datos en Santiago siempre “chove”:

Llegué a Santiago un frío día de diciembre. Hacía días que mis ojos no veían delante otra cosa que una densa cortina de lluvia. Lluvia en la cara, en las ropas y en el cuerpo; barro en las botas hasta las rodillas e inmensidad de verde a mi alrededor.
En Santiago llovía a mares. Era mediodía, no había ni un alma en la Plaza de Platerías ni en la del Obradoiro. La catedral estaba vacía; quizá sólo algún turista despistado. Entré, me quité la empapada capa de agua, me senté en un banco y…estuve a punto de salir corriendo asqueado. Mis ojos, acostumbrados durante días al espectacular verde de los prados y al marrón del barro en las corredoiras chirriaron ante los oropeles de los angelotes barrocos del Altar Mayor. Conté hasta 10, me serené y me acerqué a abrazar a Santo. Más por no decir que no lo había hecho que por querer hacerlo. Yo quería seguir caminando, ser libre en las corredoiras embarradas y los prados mojados. Los pocos peldaños de la escalera se hicieron eternos. Y al llegar: primera lección. En el abrazo empezó a llover de verdad en Santiago. Empezó la “lluvia salada” que no cesaría hasta abandonar la ciudad día y medio después. Mientras estoy fundido en un abrazo de muchos minutos con aquel busto, llorando como un niño, un turista me observa a distancia y hace fotos. Me tienta decirle: “tira la cámara y las comodidades y vete al Camino para abrazar cuando llegues a Santiago, a tu Dios, a los tuyos y a tu propia vida”.

Voy al albergue: es viejo, sucio, destartalado, con ventanas que no cierran, inmenso y estoy solo. Hace frío y hasta creo que en la habitación (que parece sacada de un hospital de la 2ª Guerra Mundial) hay goteras. Me cambio para ponerme ropa algo menos mojada que la que llevo encima y envío un mensaje telefónico a la buena amiga Gloria: “Llueve salado en Santiago…”.
Y así fue todo el día.
Por la tarde paseo y descubro la bellísima ciudad bajo la lluvia. No distingo si lo que hay delante de mis ojos es la cortina de lluvia que cae del cielo o la cortina de lluvia salada que cae de mi alma. Tanto da. Estoy raro, me noto tenso, como alma en pena de noche por las calles mojadas de la vieja ciudad. Sé que hay algo que tiene que salir…
El reflejo de La Catedral en los charcos de la lluvia de Santiago, esa que tan bien describe Lorca, es espectacular y mágico. Tengo la sensación de no estar en el siglo XXI. Con mi capa de agua que semeja un hábito, pisando los adoquines centenarios que durante siglos hollaron pies tan deseosos de sentido como lo están hoy los míos y en cuyos charcos se reflejan gárgolas, torres, capiteles pétreos con escenas bíblicas y con la tenue luz amarillenta, que bien podría ser la de antorchas medievales, me siento en otra época, en un espacio atemporal, a la vez que soy consciente que pocos momentos en mi vida he disfrutado tanta realidad.

El día siguiente amanece soleado. Pero mi interior está aún más revuelto que ayer. Mis pasos giran una y otra vez entorno al “Gigantesco Imán” que es la catedral. Poder leer la lectura en La Misa del Peregrino es un regalo. Uno de los mayores regalos que he tenido.
Y vuelve a “chover” en Santiago, pese al frío sol de invierno, al bajar del altar y durante toda la Comunión.

Por la tarde culmina todo. Bajo a la cripta. De hecho no bajo: mis pasos me llevan allí sin ser yo muy consciente. Y arrodillado delante del sarcófago de plata que dicen que contiene los restos del Apóstol Santiago (sea cierto o no lo que es innegable es la presencia de Padre Dios para mi aquella durísima tarde de diciembre) toda la “Lluvia salada” revienta durante horas acompañada de mocos, babas y gemidos. Toda mi vida, todo lo que he sido, soy y lo que seré a los pies Del que Amo. Nada más…y nada menos…
Si los días que caminé había “rezado con los pies” durante centenares de kilómetros, aquella dura tarde recé con las lágrimas, las babas, los mocos, los gemidos y las rodillas dormidas. Y como cada vez que la oración ha sido del mismo Padre Dios que reza a través tuyo (tú no rezas, pobre infeliz: ¿cómo puedes pensar que te diriges a Dios por tus limitados medios?), el mismo Dios que “te reza” y “te hace oración” para que seas más tú y más Él. Como siempre que es así (contadas ocasiones) la oruga que eres sale convertida en espectacular mariposa.
El resto de la tarde, tras salir de la cripta, es tranquilo. Y en Santiago cesa la lluvia hasta próximas ocasiones, que sin duda las ha habido y aún las habrá.

Por eso cada vez que escucho esta bellísima canción pienso: “Es normal. Siempre “Chove en Santiago””. Y una gota salada se desliza por las mejillas.
¡Feliz Lluvia a todos!.

14 comentarios:

yunzapito dijo...

No he estado nunca en Santiago, ni tampoco me he planteado hacer el camino. A pesar de ello, tal y como lo describes todo, parece una experiencia bastante intensa. Qué pena que sea tan vago, tan acomodado y que tenga tan póco tiempo de vacaciones.

Un besito.

El Churruán dijo...

Qué recuerdos. Estuve en Santiago por última vez a finales del 2005. Mi madre es gallega y para mí esa región es como una segunda casa. Recuerdo un paseo por el parque de Santo Domingo de Bonaval, caminando entre viejos nichos, rodeando hacia el CGAC. Comienza a llover, café en el Parador, ritual dos croques, noche en Betanzos, tortilla de patatas en la Casilla...y no para de llover.

@ELBLOGDERIPLEY dijo...

Yo sí he estado en Santiago, de pequeño, con trece o catorce años. Era muy saltarín y mi padre (aficionao a hacer peliculillas) me grabó en super-8, subiendo de manera imposible a la verja del Obradoiro, como un funambulista, casi delante del Pórtico de la Gloria..Me gusta Luar na Lubre,y me encanta tb Milladoiro.
Otro poema de Gª.Lorca, y otro Santiago: "Cuando llegue la luna llena iré a Santiago de Cuba/ iré a Santiago/en un coche de agua negra/ Iré a Santiago/Cantarán los techos de palmera..
Un abrazo.

PícoraViboríta dijo...

No sabes cuánto me he identificado con lo que explicas.
Es realmente indescriptible la sensación del peregrino al llegar a la plaza del Obradoiro.
Te invade una sensación de calma y paz increible, no importa lo cansada que estás, el peso que cargas, podrías pasar horas mirando esa fachada imponente, magnífica de la Catedral.
Luego el abrazo al Santo...
Todo en Santiago es especial.
Pocas cosas me han impresionado tanto como la Misa en Santiago, gente de todas partes y todas las lenguas, de todos los extractos sociales y tendencias políticas, con trajes y zapatos caros o en shorts y chirucas...
Todos unidos en un respeto máximo, realmente IMPRESIONANTE.
También yo sentí esa lluvia salada deslizarse por el rostro, llovía a mares.
Sin lluvia Santiago no es lo mismo...

Precioso el video que has puesto!!!


Besos mil.

Nando dijo...

"Como chove miudiño, como miudiño chove, como chove miudiñi pola banda de Laliño, pola banda de Lestrove"
Dicia a nosa poetisa Rosalia de Castro.
Gracias Grino por pasearte por mi ciudad, Santiago, la vieja y joven Santiago llena de tantos recuerdos... De tantas "noites chuviosas"...
Besos desde la frontera al lobo peregrino del peregrino errante...
Nando

sinfonia agridulce dijo...

me falta visitar santiago y me encanta el chirimiri...

kss

pe-jota dijo...

Santiago y la lluvia, son una de las más bellas historia de amor, son dos amantes unidos para lucimiento de ambos, cuantos recuerdos.........

Da Vinci dijo...

Quienes conocemos el Camino, no podemos añadir más a lo que explicas.
Llueve salado en Santiago siempre y el verdadero "Camino" empieza luego, cuando vuelves a casa.

Chica fina opina dijo...

El agua forma parte de todos nosotros y cómo no, es una fuente inagotable de inspiración.

Precioso video-clip

El Churruán dijo...

Y que siempre que leo este post, termino mirando el video de Luar Na Lubre, y luego de ahí salto a Milladoiro, Fuxan Os Ventos...que alguien me pare.

PícoraViboríta dijo...

Tienes razón, si al final va a resultar que somos vecinos y todo.
De cualquier modo y salvando ese par de detalles que comentas, jajaja me he sentido muy halagada con tu propuesta de matrimonio...
Que sepas que aportaría al mismo dos nenes ya creciditos que me pidieron ser adoptados, casanova y ripley... y claro no podemos excluirlos.

Ah! y para un café siempre se puede encontrar tiempo!!!

Besos mil.

un-angel dijo...

Uno de mis sueños es hacer el camino de Santiago, al menos saliendo desde Burgos... que suerte has tenido, lobito...
...y cuando estuve en Santiago, también diluviaba...solo que no reparé en la ciudad, mi visita fue poco espiritual, una noche de locura y acción. Pero llover, llovía...

amuitz dijo...

Muy elegante la canción, no sabía que Lorca hubiera escrito en gallego, ni que su editor hubiese acabado como el poeta.
Que la lluvia de Santiago les acaricie en toda la eternidad.

@elblogderipley dijo...

No había visto el vídeo aún, ni la letra, antes no estaba...Me he quedado impresionado...qué bonito es el gallego...la verdad, y bueno...qué música, buuuf.

3 de marzo de 2007 10:10